• Peter Rosales

Shanghai - La Perla del Oriente


Luego de días movidos en Beijing, era tiempo de partir, pero esta vez lo haría de la forma que debía ser, viajaría en el famoso tren bala de China, en un viaje que me llevaría a Shanghái a una velocidad de 300 km/h. La ventaja de viajar en este tren es que podía disfrutar de todo el paisaje del trayecto.

Al llegar a Shanghái, mi sorpresa fue grande, ya que es un lugar totalmente distinto a Beijing, todo es mucho más ordenado, más limpio y con una modernidad extrema. Shanghái es la capital financiera de Asia y es conocida como la perla del oriente debido a un edificio que le pertenece a un canal de televisión, el cual posee una forma perlada en el centro muy particular.

El primer día no pude hacer nada ya que llegué demasiado tarde y muy cansado, así que solo desempaqué un poco y descansé esperando la mañana siguiente. Uno de los principales lugares y al que debes ir cuando estas en esta ciudad es el Bund, se podría decir que es como un malecón frente al río, el lugar es simplemente precioso, de un lado se encuentran todos los edificios modernos y al frente se preservan edificios históricos de estilo occidental con una arquitectura maravillosa. El bund es más hermoso de noche, cuando todas las luces se prenden ya que la diversidad de color y el reflejo de éstas en el río hacen de este lugar una experiencia increíble.

Me paso algo muy anecdótico, sin querer una pareja de peruanos que paseaban también por aquí, estaban tratando de tomarse una foto, me acerqué a ayudarles y fue grande la sorpresa cuando nos encontramos, creo que lo que menos esperaban es que un peruano les tomara una foto en un lugar tan lejano.

Shanghái es un lugar lleno de atracciones pero mi objetivo principal es esta ciudad fue Hangzhou, y por supuesto el West Lake (lago del oeste), el problema es que solo tendría un día para conocer este lugar ya que mi avión saldría en la noche.

Sin más tiempo que perder, tomé nuevamente el tren bala y 60 min después estaba por fin en Hangzhou. Hay lugares que te brindan mucha energía y paz, quizá toda la historia que tiene este sitio es la razón de eso. Caminar por templos muy tradicionales, ver a las personas orando, ver la devoción y respeto hacia los monjes budistas es una imagen que me llevo muy grabada en mi mente.

Me sentí muy conectado con la atmósfera que irradia el lugar y fue una sensación que no había experimentado en Beijing o Shanghái ya que son ciudades muy grandes donde todo pasa demasiado rápido.

Siempre será imposible conocer todos los lugares de un país, me sentí muy afortunado de haber podido llegar a todos los destinos marcados en mi mapa, con algunos altibajos en ocasiones, pero siempre con mucha suerte de lograr mis objetivos.

En el aeropuerto rumbo a mi siguiente destino, reafirmé que lo mejor de viajar no es cuán lejos llegas o cuántos lugares más conoces, lo más importante son las personas que conocemos y lo que aprendemos de ellas.

Es increíble la similitud que tenemos todos, así seamos de diferentes creencias o culturas, al final lo que importa es que todos queremos ser felices en la vida y esa es la razón por la que estamos aquí, soñar es la mejor motivación que podemos tener. Mi equipaje llegó ligero de ropa pero regresó lleno de vivencias y experiencias.

Era momento de emprender el camino de regreso pero antes tendría que pasar por Malasia.


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