Islandia, tierra de auroras boreales, tierra salvajemente bonita.


Cuando escuche Islandia por primera vez no tenia idea donde quedaba en el mapa, solo sabia que hacia mucho frío allá y que los paisajes eran increíbles. Hace unas semanas el sueño se cumplió, luego de un par de años de espera por fin el día llegó. Tendría un viaje muy largo con algunas escalas en Madrid y Bélgica

Justamente en Bélgica es donde me encontraría con otro viajero, mi hermano, que por cosas del destino estába por allá.

Luego de conocer un poquito de Bélgica, era momento de llegar a la Isla por la cual habíamos venido.

Tengo que reconocer que la traducción en español del nombre de este país no le hace honor, Islandia en español y en ingles ICELAND ( tierra de hielo ), el frío y aire polar se siente con tan solo bajar el avión, pero ni eso pudo hacer que mi corazón latiera más fuerte, por fin estaba en el lugar que había soñado venir por mucho tiempo.

Nuestro plan en este viaje fue rentar un carro, donde podriamos dormir, cocinar, pero sobre todo recorrer y explorar por nuestra cuenta este increíble país, con los papeles en regla y ya al volante, nos fuimos a un lugar que tienen que visitar indudablemente, si pasan por aquí, este lugar es Blue Lagoon, son unas piscinas termales que esta en ruta a la capital, a tan solo 30 minutos del aeropuerto, sin duda un lugar impresionante.

En Iceland hay lugares para acampar y donde los campers también duermen, estos lugares cuentan con baños, lavanderías, cocinas, etc, es aquí donde dormimos la primera noche, realmente lugares como este facilitaron nuestro viaje.

Luego de unas buenas horas de sueño, era momento de dejar la ciudad y adentrarnos en lo más salvaje de este país, decidimos tomar la ruta al sur, porque queríamos las principales cataratas de esta zona y también porque según las aplicaciones, es donde tendríamos más oportunidad de ver auroras boreales o luces del norte como le dicen por aquí.

Apenas sales de la ciudad, te das cuenta que este lugar es hermoso, rodeado por lava volcánica que en esta parte del año esta cubierto por un manto verte es simplemente sorprendente, como fotógrafo, quería detener el auto y fotografiar cada 5 minutos pero el día avanzaba y aún teníamos muchos kms que recorrer.

Cuando llegamos a nuestra primera catarata, la lluvia era super fuerte y eso es algo que me olvide mencionar, el clima aquí puede cambiar drásticamente en cuestión de minutos, podemos pasar de un día soleado, a un día lluvioso y nos cuentan que en invierno, puede nevar y granizar en cualquier momento. Para suerte la lluvia también puede hacer que los turistas, vean la catarata unos minutos y regresen a sus carros y eso para cualquier fotógrafo es genial

Aquella noche la pasamos cerca a otra catarata Skofagoss, de 60 metros de alto, quizá no sea la más alta que haya visto, pero la fuerza con la que cae el agua es impresionante, nos fue muy difícil fotografiar aquí, los lentes se empañaban en segundos, fue sin duda todo un reto pero vaya que nos divertimos.

Aquella noche teníamos pocas probabilidades de ver auroras, según las aplicaciones que nos habíamos descargado, solo tendríamos 15% de probabilidad de que aparecieran. La noche estaba demasiada nublada, decidimos descansar un rato, el día había sido largo y mañana saldríamos antes de amanecer.

Casi a las 12 de la madrugada decidí dar una mirada por última vez, el cielo estaba completamente despejado, la temperatura había bajado considerablemente, decidí salir preparar mi equipo fotográfico y esperar. Es difícil describir lo que sentí cuando empezaron a aparecer, justo frente a mis ojos, auroras boreales resplandecían en el cielo, colores verdes y violeta, aparecían y se desvanecían, un sueño hecho realidad frente a mis ojos.

Todavía quedaban dias por explorar pero sin duda Islandia nos sorprendía desde el principio con la belleza de sus paisajes, pronto la segunda parte de esta aventura.


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